jueves, 25 de febrero de 2010

algunos chascarrillos

Odiaras los Viernes
Un día se muere un tipo y se encuentra en el infierno.
Mientras tiritaba de desesperación, tuvo su primer encuentro con él diablo:
* Diablo: Que té pasa?
* Flaco: Que te parece? Estoy en el infierno.
* Diablo: no esta tan mal. Actualmente tenemos un montón de diversión aquí. Te gusta el chupe?
* Flaco: Seguro, amo el alcohol.
* Diablo: Bueno vas a amar los lunes entonces. Los lunes todo lo que hacemos es beber Whisky, tequila, vino... bebemos hasta que reventamos y luego bebemos un poquito más.
* Flaco: Je, Je, suena grandioso.
* Diablo: eres fumador.
* Flaco: mas de lo que crees.
* Diablo: perfecto!! Vas a amar los martes. Conseguimos los cigarros mas finos de todo el mundo y fumamos hasta que vomitamos los pulmones.
* Flaco: UAUUU!!
* Diablo: Apuesto a que te gusta el juego.
* Flaco: Sí en realidad, sí.
* Diablo: Bien por que los miércoles es el día del juego. Ruleta, black jack, carreras de caballos, lo que quieras. Hasta hemos abierto una mesa de strip-poker.
* Flaco: Mierda nunca antes había jugado strip-poker.
* Diablo: Bueno, ahora puedes, Te gustan las drogas?
* Flaco: Si, amo las drogas. No querrás decir que...?
* Diablo: Exacto!! Los jueves es el día de las drogas. Puedes meter tu cabeza en un balde de crack. Fumar un porro del tamaño de un submarino. Puedes hacer lo que quieras con las drogas, y si se te va la mano con la dosis, esta todo bien... ya estas muerto.
* Flaco: Carajo!! Nunca imagine que el infierno fuera un lugar con tanta onda!
* Diablo: Eres Gay?
* Flaco: Oh, no!!!
* Diablo: Uh, vas a odiar los viernes.

Hace mucho tiempo vivía un hombre de mar, el Capitán Bravo.

Era muy valiente y jamás mostró temor ante un enemigo. Una vez, navegando
los siete mares, el vigía vio que se acercaba un barco pirata, y la
tripulación del barco se volvió loca de terror. El capitán Bravo gritó
"¡Traigan mi camisa roja!!" Y llevándola puesta instigó a sus hombres al
ataque, y vencieron a los piratas.

Unos días mas tarde, el vigía vio dos barcos piratas. El capitán pidió
nuevamente su camisa roja, y la victoria volvió a ser suya. Esa noche, sus
hombres le preguntaron por qué pedía la camisa roja antes de entrar en
batalla, y el capitán contestó: "Si soy herido en combate, la camisa roja
no deja ver mi sangre, y mis soldados continuan peleando sin miedo". Todos
los hombres quedaron en silencio, maravillados por el coraje de su capitán.

Al amanecer del día siguiente, el vigía vio no-uno, ni dos, sino DIEZ barcos
piratas que se acercaban. Toda la tripulación dirigió en silencio sus
ojos al capitán, que con voz potente, sin demostrar miedo, gritó
"Tráiganme mis pantalones cafés!"
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